
El cuidado del medio ambiente aún aparece como una materia pendiente entre los...
Desde nuestro movimiento cooperativo seguimos propendiendo al compromiso y la toma de conciencia sobre uno de los bienes más preciados de la humanidad.
Nuestra provincia de Córdoba, junto a otras del centro y norte del país, sigue sufriendo los embates de una prolongada crisis hídrica que no tiene antecedentes históricos. Y esta es sólo una de las dimensiones de una crisis global que involucra a todo nuestro medio ambiente, y pone en riesgo la tranquilidad y el bienestar de los habitantes de nuestro suelo. La realidad es contundente: escasez de agua en nuestros embalses serranos, dificultades en la provisión de servicios eléctricos para una población creciente en áreas como Punilla, Sierras Chicas y Gran Córdoba, y efectos cada vez más preocupantes en la calidad ambiental de los centros urbanos. Claros indicadores de alerta para quienes estamos comprometidos tanto en la provisión de recursos y servicios públicos como en la promoción de su uso responsable.
Incluso, luego de años de trabajos promocionales sobre el tema, aún muchos ciudadnos parecen no tener conciencia de estas crisis que nos afectan como sociedad, y se comportan con negligencia, derrochando y desperdiciando agua y energía como si fueran recursos ilimitados.
Responsabilidad de todos
Si hacemos referencia puntual a la crítica situación que se vive en nuestra provincia debido a la falta de caudal de los ríos y arroyos que alimentan a nuestros embalses, poco podemos reclamarle por ejemplo al Estado y sus diferentes estamentos a la hora de encontrar soluciones. Sencillamente no podemos pedirle a los gobernantes que hagan llover para sostener a nuestros cursos de agua… pero sí podemos y debemos esperar de los organismos competentes relacionados con la preservación del medio ambiente y con la prestación o el control de servicios esenciales, que dispongan de los medios necesarios para cumplir las tareas inherentes a la educación y promoción del cuidado de los recursos, que tan caros son a nuestro diario desenvolvimiento.
El aprovechamiento de los recursos hídricos debe ser correctamente orientado y controlado por los organismos gubernamentales correspondientes. A su vez, quienes hemos asumido la responsabilidad de administrarlos para el bienestar de los habitantes de nuestras comunidades debemos profundizar las campañas en pos de lograr niveles óptimos de compromiso y participación en el cuidado y preservación tanto del agua como de la energía que ésta nos provee.
Tomemos conciencia también de que si bien en nuestra región la provisión de agua es normal, eso no nos exime de la responsabilidad de cuidar tan preciado recurso. En nuestro medio más cercano, tengamos en cuenta los difíciles y desesperantes momentos que atravesaron miles de hermanos cordobeses al no poder contar con este elemento vital, víctimas de cortes del servicio y teniendo que ser abastecidos por camiones cisterna… Una situación que se multiplica a lo largo y ancho del Planeta, y que cada día muestra indicios de seguir empeorando.
La situación provincial
En este contexto, la falta de lluvias en casi toda la Provincia produjo mermas excesivas en el caudal de los ríos y eso incluye a los de nuestra región. Muchas localidades que dependen de lagos y embalses enfrentan una dificultad adicional a raíz de la proliferación de algas, las cuales impiden que el proceso de potabilización elimine la totalidad de la turbiedad e impurezas, produciendo una disminución en la calidad del agua suministrada.
Sabemos también que nuestra Provincia tiene estación seca y por lo tanto, desde marzo hasta octubre, los lagos de los diques experimentan bajantes en diferentes niveles, dependiendo de la región y la cantidad de ríos que los mantienen. Las recientes precipitaciones sobre las Sierras han traído algo de alivio a la sequía extrema que se padeció durante más de dos meses en la zona, pero de todos modos la situación sigue siendo preocupante. Casi todos los lagos han aumentado sus niveles en algunos centímetros, pero salvo Embalse y Los Molinos (en la zona de Calamuchita), el resto de los espejos de agua está muy lejos de niveles que lleven tranquilidad y seguridad en la provisión del líquido elemento a los habitantes de sus respectivas regiones.
La crisis hídrica golpea con fuerza a destacadas zonas turísticas como Río Ceballos, Unquillo y Mendiolaza. Las tres localidades deberían ser abastecidas por el dique La Quebrada, pero a raíz de la pronunciada bajante que experimenta el nivel del embalse desde hace más de un año, desde entonces solo la primera ciudad puede ser provista de agua en niveles aceptables.
El mencionado lago junto al San Roque es el que más demora está mostrando para recuperar niveles aceptables en sus cotas, acrecentando la preocupación de las comunidades a las que abastecen en vísperas de una nueva temporada de verano, cuando la masiva afluencia de turistas complique aún más el panorama por el consiguiente (y lógico) aumento del consumo de agua y energía. Tengamos en cuenta además que toda la zona serrana sufre un déficit a esta altura del año de 150 a 250 milímetros respecto del promedio histórico de lluvias.
Muchos de nosotros hemos visto postales del vertedero del lago San Roque, el famoso embudo por donde cae el agua excedente que luego se convierte en el Río Primero… Quienes pasen hoy por Villa Carlos Paz verán que para que eso ocurra como antaño, el nivel del agua tendría que subir más de ¡seis metros! Otra postal es la que muestra el propio Río Primero o Suquía: quien se acerque a la capital provincial lo verá convertido en poco más que un hilo de agua que atraviesa casi con vergüenza la jungla de cemento y concreto de la segunda ciudad más poblada del país.
Que llueva, que llueva…
Cuando los diarios y demás medios de la provincia refieren la “novedad” de las lluvias parecen olvidar que por el tipo de clima de la región, es normal que las precipitaciones abundantes aparezcan a partir de octubre. No debemos sorprendernos de que entre mayo y octubre llueva poco y nada. Sin embargo, las recientes lluvias se han convertido en motivo de alivio para una parte importante de los habitantes que vive cada día con restricciones en el uso del agua.
¡Pero a no engañarse! Deberá llover bastante sobre las sierras durante toda la primavera y el verano para que los ríos y lagos recuperen el caudal necesario para evitar sobresaltos.
Y por supuesto… lo que caiga del cielo nunca será suficiente si no tomamos otras medidas para evitar el exceso de consumo y el derroche de agua, junto al creciente deterioro ambiental de las cuencas hídricas.
Compromiso de todos
En definitiva, debemos hacer mucho más que mirar al cielo esperando que llueva… ¡debemos hacer algo! Y podemos empezar por recordar el valor del agua como recurso vital para nuestras comunidades y la importancia de instalar en nuestra mente y en nuestros actos de todos los días el uso racional del agua potable.
Como pueblo cooperativo, solidario y responsable de nuestro progreso y nuestro futuro, no podemos seguir haciéndonos los distraídos y mirar para otro lado como si la crisis hídrica fuese un problema de otros. Es un problema de todos, y como sociedad organizada y responsable, nos hacemos cargo de nuestro deber de cuidar ese bien nunca apreciado en todas sus dimensiones: el agua es un bien escaso y caro, cuyo consumo y uso racional es preciso que sea asumido por todos quienes estamos llamados a vivir en un mundo que respete, valore y cuide todo lo que nuestro planeta nos provee tan generosamente.